
La frustración que deja el caso Reyes
jueves 02 de octubre de 2014, 12:47h
La inminente marcha de José Antonio Reyes del Atlético de Madrid deja una profunda sensación de frustración por el papel que han jugado todas las partes implicadas en este caso. Ni el futbolista, ni el club rojiblanco salen, en mi opinión, muy bien parados de un culebrón que se ha alargado nada menos que más de dos meses, desde que allá por finales de octubre, Manzano decidiera retirar del campo en Bilbao al de Utrera.
Lo que podía haberse quedado en una sustitución sin más de un jugador que no estaba ofreciendo nada al equipo aquel día, lo convirtió Reyes en un volcán con los insultos que le dedicó al técnico captados por la televisión. Es cierto que pidió perdón al técnico posteriormente, pero en vez de esforzarse más a partir de ese momento para volver a ganarse el puesto y demostrarle al entrenador que se merecía ser titular, se dejó ir y decidió que quería volver a casa, a su Sevilla del alma. Ni siquiera le bastó que se marchara del club la persona con la que había tenido el problema. Si el compromiso de un jugador con su club es tan debil que se puede romper porque le quitan de un partido y no acepta quedarse en el banquillo hasta que suba su rendimiento estamos apañados.
Claro que los dirigentes del club no salen tampoco muy bien retratados. Cómo les ocurrió el año pasado con Forlán, han dado la imagen de que les interesaba más ahorrarse un dinero con la marcha del jugador que solucionar el problema que había con una de las estrellas de la plantilla. Es el tercer año consecutivo que dejan escapar en el mercado de invierno a futbolistas del nivel de Maxi, Simao y Reyes. Si hace un año y medio nos dicen que del equipo que salió campeón de la Europa League, no iban a seguir jugadores como De Gea, Ujfalusi, Jurado, Simao, Reyes, Agüero y Forlán hubiera sido difícil de creer. Claro que en el Atleti empieza a ser posible hasta lo más insospechado.